La perspectiva de su ausencia

0
48

Estoy en casa.
Me quedé por que Hernan, sin querer, al cambiar la tina dejo una filtración gigante en los codos de la llave y se mojó todo el 2do piso, así que vino el Gasfiter de verdad ahora a resolver la cagada.
Pero no quiero hablar de eso, de lo doméstico, sino que contarte que Hernán vino con su hijo, de unos 14 o 15 años, de ayudante dijo «pa que aprenda la pega».

Yo muchas veces a esa edad acompañe a entregar zapatos a mi papá, en Santiago, donde clientes con nombres sacados de una novela de Garcia Marquez, como don Urbano Crespo, don Gil Largo o el mismo Timoteo Lecanda. Gente amable, que estimaban al papá, epañoles casi todos, con los cuales entablaba conversaciones amenas, del pasado, del devenir de las ventas, de los zapatos y zapatillas Chinas, que en ese tiempo ya incipientemente empezaban a mellar la industria nacional del calzado.

Si bien no aprendí el oficio de fabricar zapatos en el taller, el papá me transmitió esa facilidad, empatia y calidez para entablar una relación de credibilidad con los clientes y con las personas.

Sin aspavientos, sin historias grandilocuentes, solo con la conversación llana, directa, empática, esa que hace que infundas confianza y credibilidad en el interlocutor. Sin palabras en exceso y con la talla precisa para romper el hielo. El papá era querido y respetado por sus clientes, siempre recibido por los dependientes o por los dueños de las tiendas con un «Sr.Lopez», como respetuoso saludo.

Hoy con distancia miro esos episodios, yo no hablaba y el papá me presentaba como «Jaime junior», haciendo orgulloso hincapié en que yo estaba estudiando aún en el colegio.

Hoy veo y hago conciencia que de esos viajes con él en Santiago y a «Quinta región » como decía cuando íbamos a Valparaíso o Viña, aprendí a mirarlo en su despliegue social con zapateros antiguos y viejos mañosos. A ocupar el arte de la conversación como una manera limpia, precisa y eficiente para que le compraran o simplemente para entablar una relación que daría frutos más tarde.

Hoy puedo ver eso, recién con la perspectiva de su ausencia

Con los años y el paso brutal de la vida, la niebla de los tiempos y de la edad muy adulta, él de alguna manera decidió (así quiero pensarlo) guardar en su maletín de muestras de zapatitos de guagua que siempre portaba, esas historias, esas conversaciones, esas vivencias para no recordarlas más y para hacernos enojar, espetandole injustamente «oiga papá! usted no se acuerda de nada ! «.

Yo creo que si se acordaba, pero atesoraba esos recuerdos sólo para él y los repasaba en su silencio mental, orquestado sólo por la 9na sinfonía de Beethoven.

Dejar respuesta

Favor, comenta
Favor ingresa nombre