Cuando el olor a leña, madera, bosques y fuego de chimenea encendida te golpea al bajar del auto, sabes que el pasado está presente en cada particula de fragancia.
La mente te trae risas de niños, chapoteos de agua, noches de naipes, gritos de júbilo en el taca-taca, tardes de completos y pizzas, mañanas de caminatas entre bosques y volcanes.

Hoy miro ese camino de montaña arbolado, ocre, verde y cobrizo de otoño, está igual a como lo recordaba.
Pero los niños, ellos, ya no van de mi mano. La soltaron para recorrer estos y otros caminos, los de la vida, los del mundo, donde ya se mueven como hombres. Libres, felices, adultos.
Tan rápido pasó el tiempo, tan lindo verlos crecer.















